Rosa Reina de Suecia (David Austen)

Para Isabel Bermejo

Hablé con Victoria Bermejo. Hace unos días. Y le dije, “Quiero dedicarle a tu tía un post. Y es que me encanta su espíritu vital, su energía y sentido del humor”. Victoria, como siempre, rápida, me contestó, “Pues para ella un clavel blanco”. Bueno, buscando y rebuscando, he fallado, no encuentro en mi colección un clavel blanco. Pero ha de ser lo más parecido. Opto por el rosa pálido, delicado, el mejor rosal que tengo en Begur. De coleccionista, de las famosísimas rosas de David Austen, para una señora con todas las letras, sí, Isabel, porte elegante y sencillez en el corazón, por lo poquito que la conozco, pero la veo así. Como le decía a Victoria, me recuerda no sé por qué a una de mis escritoras favoritas, Carmen Martín Gaite…

Ella, aquella tarde estaba en el salón pensando. Era una tarde muy importante para ella. Decididamente, era su ocasión. Quería conquistarle. Sí, a él. Le había visto desde el balcón de su casa muchas veces, él, elegante, una figura estupenda y ágil. Quedó prendada de él enseguida. Amor a primera vista, se dijo! Quizás. Pero hoy era su día.

Lentamente se levantó para poner música, siempre la había ayudado a pensar. A ver qué música… cielos, heaven, claro…

Cerró los ojos e imaginó. Imaginó lo imposible. Se quedó dormida soñando…

Cuando despertó, como cada tarde, salió al jardín para cuidar las flores. “Mira qué bonitas se han puesto las azucenas, y los claveles! Pues no paran de florecer todo el año. Habrá que podar la bunganvilla, es tremenda, hay que barrer tanto cada día…”

De repente se fijó en la zona de los rosales. Madre mía! qué bonitos estaban! Había conseguido una carta de colores para combinarlos y había logrado una gradación estupenda desde el rosal blanco al pasional granate que enamoraba a todo el vecindario. Había añadido lavandas alrededor porque le habían explicado que ahuyentaban los pulgones, y cierto, ni uno osaba entrar en ese coto cerrado de las rosas más bellas del barrio. Faltaría más, que un pulgón le pudiera a Isabel!

Se quedó pensativa, sí, de todas ellas destacaba la de la colección David Austen. La Rosa Reina de Suecia de tono rosa pálido, casi blanco. Se lo había regalado Victoria, que siempre le alegraba la vida con sus sonrisas y mil sorpresas. “Esas rosas son tan especiales, como recortaditas con tijera pequeña, van haciendo una copa redondeada estupenda” pensó.

Necesitan pocos cuidados: Sol, riego y aunque le dolía en el alma, podar el rosal a fondo antes de primavera. De hecho, seguía la costumbre alemana de que fuera un vecino quien podara las flores y los árboles y viceversa, porque decían que uno no tiene valor para podarse sus plantas. Cierto. Y María, lo hacía estupendamente.

Con reverencia y exquisito cuidado, cortó una rosa y la olió con toda su alma. Era su aliada.

Se vistió con sus mejores encajes. Se enfundó su vestido chaqueta crema pálido de moaré, un tejido de ensueño, con la falda con un poco de vuelo; medias de seda y zapatos punteados blanco marfil y marrón claro. Sin joyas, sin perfume, solo la rosa enredada con amor en su cabeza. Quería que él sintiera ese perfume al abrazarla. Siempre la sencillez en su espíritu.

Llego a la sala de baile. Entró con timidez pero firmeza. Sonriendo, segura, feliz. Se miraron, largo, lento, con luz mágica en los ojos de ambos. Él cruzó la sala, y la tomó del brazo invitándola a bailar en un gesto cargado de elegancia y ternura. Comenzaba una bella historia…

Información especializada

https://www.davidaustinroses.com/eu/catalogsearch/result/?q=queen+of+sweden

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