Mis flores

Estos Amaryllis Belladonna, los plantó mi abuela hace muchos años….aún están ahí…

Dedicado a mi abuela Joana que me enseñó el amor por las flores . Ella empezó este jardín y cada planta está puesta con amor como continuación de su existencia. Es el milagro de la vida. Como de un esqueje de una rosa se pueden hacer otros rosales, un jardín puede perdurar generación tras generación.

En esta sección encontréis las flores que cultivo. Se hallan en Begur (Girona). En un espacio escalonado abandonado durante años entre susurros de pájaros, fuerte tramontana y baños de sol en silencio adormecido.

Quedaron algunas plantas. Sí. Aunque nadie recuerda quién las plantó, quedaron. Como la vieja higuera, derrotada mil veces por la tramontana y como un gato, volviendo a la vida con gran pasión.

He empezado por el momento actual, octubre del 2019, pero iré ofreciendo los años anteriores, para quien quiera pueda ver los cambios, los matices, o sencillamente para ver flores.

Mis abuelos plantaron el hermoso olivo y el saúco. Otras plantas puestas con mimo por ellos, se naturalizaron como cactus, violetas, agapantos y narcisos tazzeta, Florecieron año tras año, sin que nadie les viera. El jardín en otoño, invierno y primavera crecía a sus anchas en el ciclo floral sin testigos, pero con vigor.

Y claro, las plantas autóctonas, o de simientes viajeras o vete a saber, aparecieron espontáneamente sin ser invitadas, una multitud de población floral: Don Diegos, acantos, laureles, hiedras, esparragueras, lavandas….

Hace un par de años, en el verano de 2017 recuerdo que mi madre me comentó que era una pena dejar triste ese jardín todo el tiempo, ya que en invierno nunca íbamos a esa casa… y así empezó la historia.

Una historia de amor profundo. Dicen que a los dos años de una relación, la magia se ha perdido…pues no sé, no me lo creo. Al menos con mi jardín, el romance aumenta con los años porque las rosas florecen cada vez más esplendorosas, las dalias muestran toda su belleza a finales de verano, las lavandas multiplicadas se mecen aireando un perfume de ensueño, los narcisos en invierno se reparten en el césped en un tapiz blanco y oloroso inolvidable, las hortensias rosadas y azuladas confiesan sus secretos más íntimos en atardeceres rojizos, el plumbago tiñe de azul cielo las tardes de estío, la bignonia rosada se desliza sobre el verde, como pincel suave en una bella acuarela, los Don Diego olorosos se alzan orgullosos e inmensos con sus pies decorados de bellas capuchinas naranjas y amarillas, los jazmines andaluces florecen sin cesar repartiendo cual pliegues de fina seda blanca, aromas finísimos, los agapantos violeta y blancos se refugian con discreción bajo el olivo, las skimmias tímidas y seguras viven a la sombra felices, las azucenas estallan de alegría en primavera, las fucsias nos deleitan todo el año con su color de campanita, las bellísimas begonias florecen con tesón, sin cesar, los acantos invasivos cubren de verde brillante todo el espacio posible y en primavera se alzan en varas espectaculares proporcionando unas verticalidades de columna corintia en todo el jardín, las humildes violetas se expanden en silencio redondeado hasta echar esas florecillas preciosas… no es esto amor eterno?