Fundación Julio Muñoz Ramonet (Barcelona)

La gran ciudad. Calle de velocidad imposible. Veo la casa antigua con jardín hoy con la verja abierta. Cambio de rumbo y entro. Feliz entre árboles, trinos de pájaros y estanques de agua con viejos nenúfares.

Un jardín olvidado. Con mil historias. Sin flores. Bueno, sí, una única flor: la clivia. Rojo naranja, entre sombras.

Adoro esa dejadez del jardín. Descubro estatuas de distintos materiales, testimonios mudos de historias desconocidas.

Los arces majestuosos y delicados dibujan formas exactas en el cielo, mientras cubre el suelo de hojas rojizas, cobrizas, ocres, marrones y amarillas.

Camelias, cóculos, magnolios, cerezos, una livistona increíble…

El tiempo apremia. He de comer y continuar en la oficina. A mi pesar, salgo. Delante de una tienda nórdica, veo enseres de cocina. Entro. Compro una cuchara.

Vuelvo al jardín. Me sitúo cerca el estanque dorado de nenúfares. Saco la comida que pensaba comer en el office del trabajo. No tiene precio comer en este jardín de ensueño.

Cuando como la manzana oigo risas juveniles. Un grupo de jóvenes han tenido mi idea. Ponen las sillas al sol y empiezan a comer. Es hora de marchar.

A la salida observo que casi todo el jardín está ocupado por gente joven que ha descubierto ese paraíso:

Fundación Julio Muñoz Ramonet. Calle Muntaner, 282. Barcelona.