Flores viajeras: Flor de loto

NOTA INFORMATIVA: La colección de Flores Viajeras pertenece a una sección de este blog, donde las fotografías han sido hechas por Nacho Rovira de Alas y Viento. En esa sección podéis encontrar todos los catálogos que he elaborado a partir de sus envíos, y una selección de relatos, asociadas a las flores como la que hoy os presento: la bella flor de loto.

La flor de loto. La flor sagrada. Desde el minuto uno que vi la foto, la flor, ese rosado delicioso… me enamoré totalmente de ella. ¿Quizás la más bonita de las que fotografió Nacho Rovira el año pasado? Quizás. A mi entender, sí. Por color, elegancia y porte.

Varias veces la había mirado y admirado, pero no me decidía a escribir el relato. No me atrevía. Demasiada belleza. Cuando las cosas me impresionan, me quedo quieta. Y sí, con la flor de loto me sucedió. Sin moverme, estática me dejaba irradiar de su luz dorada. ¿Cómo hablar, reseñar o describir una flor tan refinada?

Podría empezar por sus características botánicas o su uso en jardinería. Pero yo solamente hablo de la plantas que he tocado, que he cultivado. Y jamás he tenido esta flor en mi jardín. Pero sí que puedo abordar su simbología. Es una flor con mucha historia, una experta veterana. Su auténtica belleza a veces parece que arrase y no conozca de modas. Pocas flores lo consiguen.

Culturalmente tiene una trayectoria riquísima que a lo largo del tiempo y recorriendo varios países y épocas, se ha consolidado como una flor sagrada, vinculada a los dioses. Sin haberlo leído, la flor ya lo transmite. Reverencia hacia ella. Te lo pide.

Alguien podría pensar que es un nenúfar. Yo misma cuando estudiaba el nombre de las plantas, las confundía, pero en realidad, son incluso de géneros distintos. No, no, no hay que dejarse engañar por la apariencia y deben observarse las flores con detenimiento y calma. Es evidente, claro e indiscutible: ella, la flor de loto se levanta con magnificencia sobre el nenúfar. Solo se debe observar el tallo alto y esbeltísimo de la flor de loto, mientras el pobre nenúfar queda sin cuello con su flor reposando sobre el agua y quizás mirando con cierta envidia la elevación del loto. Alto! Hay que ser justo, el nenúfar también es bellísimo. No vamos a establecer jerarquías de belleza entre las flores! Cada una, como todo en la vida, tiene su atractivo.

Vamos pues con un poquito de historia. Los egipcios la veneraban profundamente. Al ser una flor que se abre con la luz y cierra con la puesta de sol, se asoció al dios Ra, el dios del sol. También ello se relaciona con la reencarnación.

En la mitología Isis y Osiris se abrían unido en un lecho de flores de loto…nada tan hermoso!

Asimismo encontramos su dibujo en distintos frescos egipcios, normalmente localizados en tumbas faraónicas.

No obstante, la flor procede de Asia, concretamente de la India. Los budistas toman las particularidades de la flor para vincularla a su culto religioso. La más conocida es que el loto se levanta, con ese tallo precioso que hemos descrito, por encima del agua sin flotar. Esta característica se asociará a la elevación de Buda, que siempre se representa sentado en un loto sostenido en el aire.

PIC Internet

Existe otra versión en la que se afirma que Buda nació encima de una flor de loto. Es ante todo, un símbolo de purificación.

Según el color de la flor se interpreta de forma distinta. El de la fotografía es un poco difícil de distinguir, ya que está oscilando entre el blanco y el rosado. Es el hándicap de no tener la flor al natural, pero bueno, vamos a echarle un poco de imaginación. Sabemos que la flor de loto completamente blanca no existe. Así que por si acaso, ofrecemos las dos interpretaciones y dejamos a la imaginación del amable lector que elija la que más le guste. La blanca de ligeros tonos rosados, representa la naturaleza inmaculada mientras que la rosada, simbolizaría las divinidades más altas y es el emblema terrenal de Buda.

En el budismo, la vida del loto es una representación simbólica de la evolución del alma; en las condiciones en que vive, esta planta brota de las aguas turbias para levantarse por encima del agua y llega hasta la superficie para devenir una exquisita y bella flor. De la materialidad del fango (cuerpo) al alma etérea, de la oscuridad a la luz: el grácil tallo que surca el agua en una verticalidad estudiada, hacia el cielo divino, abriendo mágicamente cada día su fina flor, no sabemos si ruborizada por reflejos áureos del sol…

Finalmente, viajamos a otro país donde tiene del mismo modo esa esencia mágica y celestial. China. En China se relaciona con la divinidad y la riqueza por un lado, pero a su vez tiene una versión más prosaica, puesto que su rizoma tiene un uso alimenticio ya que es rico en vitaminas y oligoelementos, pobre en ácidos grasos saturados, lo cual le confiere una característica esencial como auxiliar contra la obesidad.

Me quedo con la imagen inicial en este viaje, esa elegante flor sonriendo dulcemente al sol desde el reino de sus aguas…o quizás no, me imagino yo misma, sumergida en el agua viéndola suspendida, flotando e ingrávida…Cuerpo y alma.

La belleza del cuerpo es un viajero que pasa; pero la del alma es un amigo que queda. Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648)