Dalia

Dedicada a Pili Pertegaz, que ama tanto a las flores y tiene manos de oro con ellas o manos verdes!

Este es el quinto relato de las flores que en sus viajes fotografió Nacho Rovira el año pasado y que clasifiqué en un catálogo que podéis encontrar en esta sección o en su blog https://alasyviento.es/amigos-viajeros-teresa-cambra-flores-viajeras/ Cada mes realizo un breve relato, apuntes o reflexiones personales sobre una de esas flores viajeras. Hoy la dalia, esa dalia hermosa de rojo intenso bermellón de la imagen! Feliz lectura!

La Dalia. Todo el mundo la conoce. Es de esas flores podríamos decir antiguas, que no están de moda. Como el gladiolo o las sansevieras. Ya se sabe, también el tema de las tendencias afecta las flores.

De todas formas, en cualquier vivero o garden se pueden adquirir. Normalmente la venden en forma de bulbo alargado y múltiple. Un poco curioso como forma.

Antes, en las casas de campo eran las reinas. Era habitual junto al huerto de verduras y hortalizas tener un buen macizo de dalias. El agua abundante del regadío de la huerta pasaba a su vera y ellas en recompensa ofrecían rendidas flores de colores mil. Porque quizás esto es lo más espectacular de ellas, su vivo colorido. Las hay de múltiples tonos, rojas, naranjas, amarillas, blancas, rosadas, etc. siempre entre colores más bien cálidos.

En sus formas también son muy divertidas. La de la fotografía es más bien picuda, pero las hay redonditas, las pompom, o rizadas. Más grandes o más pequeñas, al gusto del consumidor.

Es bonito combinar colores y formas hasta conseguir un conjunto armonioso. Su vivacidad e intensidad de color trasmite vitalidad pura. Un placer su contemplación.

Es una flor de países cálidos. Y un bulbo de verano. Ya sabéis que los hay con flor para cada estación. Pero la dalia…es veraniega! Originaria de México donde es flor nacional. De allí se expandió por el mundo. Tremendas viajeras las flores como bien explica Stefano Mancuso, en El increíble viaje de las plantas, lectura muy recomendable como todo lo que este autor publica. De todas formas, aunque todos podemos hacernos con esos bulbos tan curiosos, solo viven bien en latitudes templadas. Mi amiga de Berlín, siempre me dice que a pesar que las adora, no las tendrá jamás en su jardín, porque en invierno hiela y habría que arrancar todos los bulbos y bulbitos para volverlos a plantar. Complejo.

Su cultivo parece fácil pero no lo es tanto. A veces lees las guías de jardinería y todo parece coser y cantar. Ni hablar. No es complicado, pero su miga tiene.

Necesitan mucho sol y mucha agua. Si alguno de estos ingredientes falla, pues nada, no florecen, como me ha pasado a mi este año. Tienen sol todo el día, pero no las regué suficiente y a pesar de sacar unos hermosos brotes verdes y abundantes hojas, nada de flores.

Bueno, es final de verano y aunque les ofrezco mil riegos y mimos, sé que debo mejorar. Cuidar de las flores como todo en la vida requiere observación, tiempo y adecuación.

Cada día con las plantas se aprende un montón. Y también está claro que aunque las flores viajen de natural o de la mano humana, donde tienen su hábitat original es el sitio en el que crecen mejor. No se puede forzar la naturaleza con mil químicas y enmiendas de suelos. Al menos, esa es mi visión.

Acaba la tarde. El atardecer emite esos tonos dorados rojizos que hacen soñar. Il tramonto que dicen los italianos. Toca regar las plantas. Siempre me queda la esperanza que aunque sea a principios de septiembre mis dalias florezcan…la ilusión nunca se pierde…