Té Anji Bai Cha

Dedicado a Rosa Vilà. No sé si le gustan los tés, pero estoy segura que tanto a ella como a Joan Flores, les gustan las islas de sosiego y los silencios elocuentes.

Tarde tranquila de verano. Mediados de agosto. El tiempo empieza a refrescar junto a la costa del Mediterráneo. Se percibe claramente la profundidad del tiempo vacacional: apenas noticias, gente vestida informal, músicos ambulantes en las plazas.

Cuesta moverse. Sin reloj, apenas sin obligaciones, dejar el tiempo pasar sin más. Agradable cuando vienes del estruendo de la gran ciudad. El silencio. Cada vez, un lujo mayor. Esta mañana me he tumbado en el desnudo banco de madera a leer. He pillado algún cojín viejo del jardín y me he dispuesto a leer un poco. En unos minutos, las palabras leídas, reproducidas como en cinta en mi cabeza se han ido diluyendo vencidas por ese silencio maravilloso, apenas interrumpido por algún canto de pájaro y dos mariposas blancas en perfecto, hipnóptico y simétrico aleteo me han adormecido hasta la hora de comer.

Atardecer plácido y sereno. Con té blanco de Tetere, la tienda mágica de Barcelona. Preparo el té con lentitud y precisión. Lo saboreo, plenamente. Hace tiempo que lo compré pero aún está delicioso.

Consulto en la página web de Tetere su descripción: Hoja de color verde intenso, verde jade con bello en la parte inferior del tallo con alto contenido en aminoácidos. Aroma intenso, delicado y fresco. Infusión de color amarillo-verde pastel, transparente y brillante. En boca es muy ligero, delicado, limpio con notas vegetales y florales que te deja los laterales de la boca untuosos. Una vez te lo has bebido su recuerdo es dulce, largo y refrescante

La verdad es que son más bien descripciones poéticas, ya que para captar todos esos matices tendré que tomar varias tazas…como la poesía…

Y el día va acabando…así, sin más. Y no es poco en este mundo tan agitado disponer de islas de paz.