Té Kukicha Premium

Dedicado a Pilar Roigé que le encanta el té y tenemos un té pendiente!

Días de despacho imposibles. El teléfono no para de sonar, los papeles se amontonan en un crescendo peligrosísimo, la secretaria entra con un papelín de llamada urgente, la agenda está sin atender, la agenda de mesa, ni tiempo de mirarla, caen en picado diez correos electrónicos y remata la faena el sonido claramente identificable de unos cuantos whatsapp. Nada nuevo, en cualquier despacho, de trabajos cotidianos, un mundo difícil de digerir y gestionar.

En algún momento, uno piensa, no puede ser. Y de repente, imagino un espacio tranquilo, quizás con flores, seguramente con naturaleza que aporte un cierto bienestar. Tal vez, el mar. Nuestro mar. Qué daría por escuchar sus olas!

En el primer cajón de la izquierda de mi mesa hay un tesoro. Diversas cajitas muy ordenadas de tés de buena calidad. Cuando la tormenta arrecia, es necesario tener recursos para resistir… Hoy el Kukicha. Pura delicia. Sabor de ternura verde en boca con un estallido de mil sabores que aligeran el alma. Lo preparo con todo el cuidado que requiere un buen té verde. A pesar de estar en el trabajo, hay un dispendador de agua caliente que no llega a los 100 grados, ideal para el té verde.

Me he agenciado una buena tetera y la lleno de agua caliente. Me siento en mi mesa. Relleno el sobre de papel para té con kukicha. No es lo mejor, pero es lo único que tengo. Dejo el sobre posar sobre la tetera, los minutos precisos. Vierto el té sobre un bol. Aspiro el olor, tomo un sorbo. Dios mío! Qué placer! Qué maravilla! En la siguiente llamada telefónica consigo mi amabilidad extrema. Qué tendrá ese té! Ni se sabe, pero consigo que las personas se calmen, y no es poco en el mundo en que vivimos.

Parece que está hecho de tallos de té verde Gyokuro. Me encanta el color verde que tiene. Se puede ver en la primera imagen. El olor, una mravilla. El sabor, hay de probarlo, no digo más. Poca temperatura, pocos minutos de infusionar y un buen sorbo en boca y degustar. Mejor en buena porcelana o barro, sentir el calor del cuenco en las manos, aspirar el aroma antes de beber, pensar en algo del vida bonito… Aroma vegetal, fresco y elegante. No hay que darle más vueltas.

Acaba la tarde. En la oficina solo quedo yo y las plantas. La mayoría verdes y algunas de flores rosadas. El silencio en este momento es tranquilizador. Mañana volveremos a esta vorágine sin sentido. Mientras suena la música. Hoy los cuatro últimos lieder de Richard Strauss, a mí aún me queda un buen rato de trabajo.