Té Oolong Four Seasons

El día no había sido fácil. Trabajo y más trabajo. Bronca monumental con un amigo. Cuando el cansancio amenaza aparece de repente la imagen de un espacio terapéutico y tranquilo en plena ciudad. Cerca del corazón del barrio emblemático de Gracia en Barcelona, encontramos en la calle Zaragoza, la tienda y el salón de té, Tetere. Entrar en esos dos espacios baja los decibelios, los nervios y toda la tensión del día. Las maderas, la luz ténue, las cerámicas, el bambú y el aroma del té. Cierro los ojos me dejo llevar por el ambiente de paz.

En la mesa está Ambrós con su mejor sonrisa, siempre alegre, siempre feliz, siempre entusiasta con todo. Le pido té matcha. Pronto va a viajar con su mujer Jing Jing y su hijo, este año por China y Taiwan para traer los mejores tés, seleccionados con cariño, elegidos por su calidad y cierran la tienda, con lo cual es urgente comprar el matcha que tienen, a mi entender, el mejor que se encuentra en Barcelona.

Ambrós me muestra tres matchas. Como de costumbre, dificilísimo elegir. Son tan buenos todos! Es comprar sobre seguro. Al final me quedo uno en lata y otro en sobre. Tengo la sensación que me llevo pequeños tesoros a mi casa. Hablamos del viaje que harán, sin prisas, nunca hay prisas en Tetere y acabas hablando de la vida, de vivir tranquilo, degustando cada momento como un sorbo de delicioso té. Al final le doy un beso y deseo un buen viaje, aunque le digo que antes paso por la tetería justo al lado para ver a Jing Jing y tomar una buen té.

Si la tienda tiene una luz muy especial, la tetería es una maravilla en cada rincón. Enseguida que me ve Jing Jing sale a darme un beso y le digo que necesito un té que me reconcilie con la vida, que me tranquilice. Me mira con su mirada luminosa y me propone un Oolong, de Taiwan recogido en alta altura. A esas horas del día, lo que diga. Me confío a su magistral buen hacer y criterio.

Ver preparar el té a Jing Jing es disfrutar de un arte en directo. Se acerca con una mesa de madera a la mía y observo sus movimientos hábiles con el agua y el té (Fig.2). Finalmente me coloca delante dos cuenquitos de porcelana blanca, uno de base y el otro invertido encima (Fig,1) dentro está el té. Yo me siento torpe ante tanta delicadeza y no sé qué hacer. Jing Jing con su maravillosa sonrisa me anima: “Venga, saca la porcelana superior”. Me atrevo. Flap! Todo el té queda en la porcelana de la base. Jing Jing me dice: “Aspira, huele el té de la porcelana superior”. De nuevo, cierro los ojos y me dejo llevar por un perfume delicioso a mi modesto entender, con notas algo aceitosas. Parte de la tensión del día ya se esfumó. Sorbo un poco de té (Fig.3) y el mundo cambia. Empiezo a tomar una medida más humana de todo. De nuevo, Jing Jing me dice, “vuelve a oler la porcelana superior”. Cierto, ha cambiado su perfume, se ha transformado en un aroma más seco, más amaderado. Una sinfonía de olores. Imposible de describir el té Oolong, es de una delicadeza extrema. El té azul. Le pregunto si es cierto que tiene este sobrenombre y me dice que sí.

El té Oolong es característico de Taiwan aunque que encuentra también en otros países. Me maravilla cuando lo preparo por esas hojas grandes que se desenroscan mágicamente al echar el agua. Cuando lo compras suele presentar un forma como de pelotitas pequeñas. Normalmente el agua debe estar sobre los 95 grados y se puede infusionar diversas veces aunque cada vez toma poliédricamente un sabor distinto…

Nos quedamos hablando con Jing Jing, y se añade Ambrós que ha dejado la tienda para continuar la conversación. Como en familia. Están muy contentos porque ha aparecido un artículo en la prensa que cita su tetería como de referencia. Se lo merecen. Trabajan con tesón, calidad y pasión por lo bien hecho, algo que en el mundo que vivimos es un aunténtico lujo.

Pasan de las ocho. No pasa nada, en las pocas mesas que hay queda gente hablando en voz baja, la luz suave inunda con delicadeza muebles antiguos de tierras lejanas. El día acaba. Nos besamos con Jing Jing y le deseo un buen viaje, especialmente para ella que verá de nuevo su familia en China.

Salgo a la calle y aspiro el aire de la primera noche de primavera. Imagino los cerezos en flor de China y Japón, y de repente, siento que a pesar de que el día ha sido muy difícil, la gentileza de personas como Jing Jing y Ambrós, y el producto tan exquisito que venden, me regala por un instante un punto importante de equilibrio en mi vida.