Té verde

Los tés verdes, sin ningún género de duda, son los que prefiero. Quizás fue por un tema de salud que comenté al inicio de esta sección y no me cnasaré de repetir que me empujó a sentir la necesidad de tomar verdura, fruta y plantas de color verde. Bueno, no es para sonreír, tenía el estómago hecho polvo de comer en restaurantes, de un cierto abuso de alcohol y café. Todo ello añadido a una vida de trabajo intenso no ayudaba para nada a un equilibrio de salud.

Así, no sé por qué exactamente sucedió, pero sentí esa necesidad. La naturaleza es sabia, si se sabe escuchar, especialmente el estómago, lo que llaman el segundo cerebro, orienta bien. Así empecé con los tés verdes. Coincidió en una época que estuve más activa en Facebook e hice muchos amigos en la página del escritor Javier Perez Andújar, entre ellos al pianista Albert Bover, del que hablé en la introducción del té en general. Albert es un experto en tés, especialmente en los verdes y virtualmente empezamos a hablar. Me regaló diversas recomendaciones e indicaciones.

Empecé mis experimentos. Seleccionar buenos tés, encontrar las tiendas especializadas, hallar el agua con una mineralización adecuada, calcular la temperatura del agua, esperar la minutación exacta para cada té, descubrir las teteras mejores y las porcelanas indicadas! Pero bueno! Qué mundo tan especializado! No tenía nada que ver con mis tés desde estudiante o los que tomaba en cualquier bar, la mayoría amargos y directamente para tirar.

¿Y por qué sucede esto? Es sencillo, no es nuestra tradición. No diré el nombre del famoso hotel de Paseo de Gracia, quizás uno de los más lujosos, donde pedí un té con la esperanza de tomar una exquisitez y sí, el té era de buena calidad, pero la forma en que lo prepararon fue un absoluto desastre. Si se deja la hoja demasiado tiempo el agua se ha echado completamente a perder. Lo que casi siempre sucede. La única forma de resolverlo es pedir que el té no lo pongan en el agua, por favor!

El té verde es muy delicado. Debe cuidarse muchísimo la temperatura. Algunos como el Gyokuro necesita poca temperatura mientras que un Hojicha, precisa más. Uno se ha de informar bien de la temperatura y de la tetera adecuada. El infusionado en la mayoría de los casos es corto, apenas unos minutos y no resiste que se infusione muchas veces. Esto del infusionado, me maravilló. ¿Cómo era posible que unas hojas pudiera resistir varias veces el paso del agua y que tuviera cada vez una sabor distinto? Pura magia. Aún me fascina.

De tés verdes hay muchísimas variedades, y dicen que después del té negro, es el más consumido. Yo solo he seleccionado unos pocos, aunque espero ir aumentando la colección. Un mundo maravilloso por descubrir lleno de matices jamás sospechados.